25.6.14

Un poco de historia: la mía

Si bien ya les conté en mi primer post, cómo me vinculé desde chiquita al proceso del arte y la creación desde lo plástico, quería explayarme un poco más sobre cómo llegué yo a esta técnica maravillosa heredera de Fabergé. Hacer algo así como mi “Había una vez”.

Allá por agosto del 2010, un día, de repente, ya no trabajaba más en relación de dependencia.
Muchos de ustedes sabrán lo duro que puede ser esto.  Pero no me iba a quedar quieta, sino que en ese momento, y gracias a esa situación particular, empezó mi búsqueda.
Necesitaba encontrar mi verdadera vocación, mi misión, eso que me llenara el alma y que me hiciera sentir plena, satisfecha, con la labor realizada. De algo estaba segura: tenia que ser algo relacionado con el proceso de transformación, que yo misma estaba experimentando en ese momento y que comenzaba a comprender: Todo, absolutamente todo, se transforma segundo a segundo sin ser realmente conscientes de ello. 

Después de varios meses, de varias velas encendidas y muchos rosarios rezados para que la Virgencita me guiara... desenfundé pinceles y acrílicos, me quemé los ojos mirando videos en youtube (y sí, la tipa se la daba de autodicta!) y comencé a hacer decoupage, pátinas y falsos acabados en piezas de fibrofácil. Sin embargo, no estaba totalmente satisfecha, algo faltaba...

Un día, casi un año después, buscando proveedores de servilletas, encontré un lugar donde se enseñaba una técnica que había visto hacía unos meses en una revista de artesanías y me había llamado la atención: Arte Realeggza. Era, nada más ni nada menos, que la decoración de cáscaras de huevos naturales. La verdad, no podía creer lo que veía: huevos hecho cofres, canastas, carrozas, forrados, calados, trabajados tan minuciosamente que no me puede resistir... ¡Tenía que aprender a hacerlos y había encontrado el lugar!

 
Mi primer huevo


Así fue como llegué en julio del 2011 al taller dirigido por Vanesa Pena, y encontré al fin mi pasión. También encontré a la mejor profesora que el universo podía ponerme en el camino: Elizabet Loiza.
No lo digo como alumna que lleva la manzanita para quedar bien, la pura verdad es que Eli, es una MAESTRA con todas letras y en mayúscula, de esas que ya quedan pocas: generosa, detallista, exigente y alentadora. Supo respetar mi individualidad, mis ganas por desarrollar mi creatividad y transformar cada huevo con mi toque personal. 


Dos en uno

Me animé a cambiar el diseño original

Calado perfecto (auto aplauso)

Cofre en huevo de codorniz: una auténtica hazaña ;)

En diciembre de 2013 terminé mi curso y nuevamente comenzó otra etapa transformación… agarrate Catalina: ya no era alumna, sino profesora, ya no era aprendiz sino creadora... había llegado la hora de “romper el cascarón” (tenía que decirlo) y hacer mi camino.


Primer diseño propio

Y aquí me encuentran: emprendiendo, creando, transformando y embelleciendo cada huevo para mí y para ustedes, porque para mí no hay nada más gratificante que ver sus miradas de asombro cuando miran mis obras (los que pudieron personalmente) o leer sus comentarios y felicitaciones en la fan page… muchas veces esas expresiones me anticipan la de quien será el destinatario de mis trabajos, que no siempre conozco directamente. Y ahí, siento que esa labor, está cumplida.

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